Estar “ocupado” no es sinonimo de ser productivo.
En estos tiempos se ha observado un creciente estigma sobre el descanso y el ocio, considerándolos como una falta de personalidad y, básicamente, como un problema o una desventaja competitiva. Cada vez más se ha generado la creencia de que estar “ocupado” es sinónimo de ser más productivo, pero esto está lejos de ser cierto. De hecho, estar ocupado juega en contra de nuestra productividad y desempeño.
El “descanso” es una parte fundamental, no solo para el desarrollo, sino también para crear el escenario ideal en el que nuestra capacidad se manifieste al máximo potencial cuando más lo necesitemos, como por ejemplo, en competencia.
Gracias a esta idea de tener que estar todo el tiempo ocupados, de tener que estar en algún tipo de “producción”, “entrenamiento” o “preparación” y ser bombardeados por los resultados que se ven en las redes sociales, de hecho nos va alejando más de ese tan anhelado espacio donde podemos desempeñarnos al máximo de nuestras capacidades y estar en la “zona”.
La razón es muy simple. En primer lugar, los seres humanos no estamos estructuralmente diseñados ni capacitados para mantener nuestra atención en algo todo el tiempo. Estamos diseñados para pasar periodos de tiempo sin hacer “nada”, o mejor dicho, para pasar momentos de “aburrimiento”. Esto es en realidad un espacio importante para la creatividad, la reflexión, el autoconocimiento y el desarrollo personal. En estos momentos, se activan procesos cognitivos naturales en los que nuestra mente puede percibir aquello que está nublado por nuestra atención selectiva al estímulo más próximo e inmediato.
Por otro lado, el constante bombardeo de estímulos de satisfacción inmediata que encontramos en las redes sociales y los medios en general disminuye nuestra capacidad de crear. En el momento en que recibimos un estímulo que nos inspira a tomar acción y nos motiva a ponerlo en marcha, llega otro estímulo que desvía nuestra energía en otra dirección o proyecto. Esto es lo que sucede a una escala mayor al no tener espacios regularizados y previamente planificados para el descanso. Naturalmente, después de un periodo de recuperación, se puede alcanzar este estado del que estamos hablando, donde la creatividad y la inspiración pueden fluir.
En el deporte de alta competencia…
En el deporte, este error constituye uno de los más comunes, incluso entre profesionales y competidores de alto nivel. Además, produce un efecto de ciclo vicioso que funciona de la siguiente manera.
El atleta se ha acostumbrado a que su trabajo duro, esfuerzo y sacrificio sean clave para alcanzar las metas de mejora física y técnica en su deporte. Esto le brinda una ventaja en la competencia y hace que su preparación y esfuerzo sean recompensados, especialmente en los niveles iniciales de competencia. No es raro ver en los circuitos amateur y profesional, al principio, competidores que obtienen resultados positivos debido a un mejor biotipo, más horas de práctica de habilidades, mayor masa muscular, altura, etc.
Sin embargo, en el circuito profesional se ha estandarizado un poco más. A estas alturas, todos comprenden y conocen el deporte, todos entrenan un número significativo de horas y tienen una condición física de élite. Las mejoras y cambios marcan la diferencia, pero a nivel de detalles. La diferencia entre el primer y segundo puesto suele ser cuestión de milésimas de segundo, milímetros, etc.
Entonces, en ese orden de ideas, es normal encontrar deportistas que construyen su base de confianza competitiva a través del trabajo duro que los llevó a estar donde se encuentran (lo cual está bien). Sin embargo, a veces interpretan esto como que “más es mejor”, creyendo que más tiempo, más esfuerzo y más fuerza los hará mejores. Pero esto no necesariamente funciona así. El cuerpo tiene sus límites y es ahí donde el desempeño en competencia puede verse afectado por un posible sobreentrenamiento.
El exceso de entrenamiento sistemático puede llevar a la acumulación y fatiga cognitiva, lo que significa que el atleta puede pensar después de obtener un resultado adverso en competencia: “Si perdí en esta competencia, ahora me voy a esforzar el doble”. Sin embargo, esto puede llevar a aprender a hacer mal las cosas el doble.
Es decir, recordemos que cuando hablamos de alto rendimiento, estamos hablando de ejecutar la tarea al menos al 100%. Entonces, ¿hacia dónde creen que los dirigirá el “ahora me esforzaré el doble”? ¿Por qué no se esforzaron completamente desde el principio? ¿Qué diferencia realmente hará el hecho de poner “más ganas” ahora? Hay razones que merecen revizar con el psicologo del deporte, en donde se encuentren las raoznes porque esto no se dio desde un principio.
A descansar se dijo!!
El descanso juega un papel primordial en este proceso, ya que permite al cuerpo y la mente absorber y asimilar todo el esfuerzo realizado. El deporte y las acciones que conducen al perfeccionamiento requieren experiencia y repetición. Sin embargo, si también nos enfocamos en mejorar diferentes áreas, como la atención selectiva a estímulos diversos, técnicas e instrucciones, el cuerpo no tendrá suficiente tiempo para interiorizar lo aprendido en una sesión de práctica antes de que llegue un estímulo nuevo. Esto provoca que la memoria a corto plazo desplace lo aprendido previamente, o que una nueva instrucción o enseñanza no alcance su dominio.
Por lo tanto, solo cuando duplicamos o triplicamos el tiempo de repetición, y aún así el aprendizaje no es significativo, quiere decir que al cambiar alguna de las variables del contexto o las circunstancias en las que se presenta, la efectividad de lo aprendido va a disminuir. Aprendemos qué hacer en términos prácticos, pero no comprendemos el concepto de cómo hacerlo o en qué momento se genera su mayor efectividad. Por lo tanto, es importante implementar los ajustes necesarios para que funcione, incluyendo los cambios circunstanciales.
El descanso debe considerarse como un componente importante del entrenamiento y la preparación para un rendimiento óptimo. Al planificar nuestras actividades, debemos incluir tiempo para el descanso y la recuperación. Un descanso activo, proactivo y beneficioso para nuestro plan de acción. No se trata solo de alejarse de los estímulos que pueden opacar lo que hemos entrenado o aprendido, sino también de proporcionar un equilibrio vital para mantener nuestro organismo en funcionamiento. Descansar y reflexionar sobre un solo conocimiento nos permite lograr mucho más que sobrecargar el cerebro, el cuerpo y los sentidos con información.
Esto debe verse como el uso de un elevador; tú decides dónde subirte (comienzas tu proceso de desarrollo) y eliges dónde bajarte (establecimiento de objetivos). Pero si te desesperas y comienzas a saltar o a presionar botones para que vaya más rápido y te lleve más rápido al objetivo (sobreentrenarme y sobreestimularme), lo más probable es que el elevador se atasque y se averíe, lo que en realidad te retrasará aún más. Aquí es donde a menudo nos vemos obligados a pedir que alguien o algo nos “rescate”, cuando en realidad lo que debemos hacer es confiar en el trabajo que hemos hecho y dejar que haga su trabajo para encontrar nuestro ritmo y presencia dentro de nosotros mismos en términos de adquirir y mejorar lo adquirido para usarlo de manera competente. Se trata de descansar, pero eso no significa quedarnos quietos (confiar en que logramos el maximo de nuestro desempeño y adquisición de habilidades), ya que si nos quedamos inmóviles durante mucho tiempo… el elevador nos devolverá al punto de partida.
Recuerda que es importante entender y ver el camino que otros ya han recorrido para llegar a la cima. Sin embargo, si te limitas a seguir sus pasos, siempre estarás en segundo lugar, o incluso podrías ser el número 584, dependiendo de cuándo comiences a seguirlos. Es mejor encontrar tu propio camino después de comprender cómo se juega el juego y cómo se llega allí.
