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La verdadera fortaleza emocional de un líder.

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Por lo general, podemos reconocer a un líder como alguien que toma el control de una situación y propone el camino, la solución o el siguiente paso a seguir. Es alguien que guía a los demás y generalmente tiene características específicas dependiendo del contexto, problema, tipo de grupo o equipo. En resumen, un líder es alguien que destaca y prioriza las necesidades del grupo por encima de las propias.

La idea de que un hombre o una mujer “debe” tener una superioridad moral, física y emocional para posicionarse en un estatus sociocultural superior al de sus pares, forma parte de una conducta innata en los seres humanos como especie, así como de nuestros procesos de estratificación social. Estos procesos permiten, según las dinámicas y demandas del entorno, que los rasgos de personalidad e historia de vida de algunos individuos produzcan líderes y seguidores, dominantes y sumisos, quienes guían y quienes siguen en nuestro contexto social.

Este personaje, que adopta la posición de líder y cuidador de otros, suele ser atribuido con la cualidad de fuerza, ya sea física, emocional o intelectual, como requisito para afrontar la responsabilidad de asegurar el bienestar y la supervivencia del grupo bajo su cargo. (Se espera que cargues con la carga por ser el más fuerte del grupo). Sin embargo, deducimos que esta fortaleza y “superioridad” se debe a que el líder seleccionado puede no verse afectado de la misma manera que otros miembros del grupo en situaciones como la pérdida de un ser querido, una amenaza a su propia integridad, el dolor, la desolación, crisis financieras, etc.

Es como en las películas, donde se muestra al líder de una pandilla como frío y sin emociones. Sin embargo, en realidad, cuando el grupo se derrumba ante la pérdida trágica y prematura de uno de sus miembros, no encontraremos al líder en la misma situación. Tal vez también esté derrumbado, pero no lo mostrará frente al grupo..

¿Cuál parece ser el problema que no logramos ver?

Teniendo esto en cuenta, se ha adoptado comúnmente la postura de la máscara de la insensibilidad. Es decir, se ha interpretado la fortaleza mental y emocional como la necesidad de ocultar las emociones verdaderas, expresando frases como “que no me vean llorar o que me afectó”, “no me dolió”, y mostrando comportamientos tanto verbales como no verbales de indiferencia frente a desastres o problemas.

De esta manera, no se logra evidenciar las emociones reales, ya que la idea de fortaleza frente al grupo estará asociada a la aparente inmunidad del “líder” frente a las preocupaciones del resto del grupo. La fortaleza emocional (entendida de manera incorrecta) se determina mediante la supresión indiscriminada y consciente de estas emociones y reacciones sentimentales. Se convierten en expertos en disfrazar y ocultar estas emociones (aunque, por supuesto, es necesario hacerlo en cierta medida, especialmente en momentos de crisis inminente… alguien debe mantener la compostura).

Sin embargo, esta falsa idea de fortaleza emocional está muy alejada de la realidad. La verdadera fortaleza emocional proviene de experimentar plenamente nuestras emociones en cada situación, en lugar de evitarlas.

Fortaleza emocional real.

Querer ser emocionalmente fuerte a través de la evitación es equivalente a querer ser físicamente fuerte y evitar cualquier esfuerzo físico a toda costa. Es como desear o aparentar ser fuerte físicamente sin experimentar los síntomas del agotamiento debido a evitar cualquier esfuerzo físico. La idea subyacente es similar a pensar “si hago ejercicio para mejorar mi condición física, me cansaré y el cansancio me hará ver más débil”.

Lo mismo ocurre con nuestra fortaleza emocional. Fortalecerla dependerá de vivir cada emoción, sea agradable o no, de reír o llorar, de no evitar la sensación de dolor y debilidad por algún suceso duro o desagradable. ¿Has escuchado eso que dice que quienes lloran en las películas suelen ser las personas más fuertes emocionalmente? Bueno, esto tiene que ver precisamente con lo que estamos hablando, ya que no evitan las emociones por más fuertes o dolorosas que sean, las viven, las enfrentan, las adoptan, se adaptan, aprenden de ellas y siguen adelante.

De esta manera, se crea una verdadera fortaleza emocional. No es que las personas que han sufrido mucho se vuelvan insensibles. Al igual que un atleta que, gracias a su arduo entrenamiento, logra correr una distancia a máxima velocidad y no se agota al final, como ocurría cuando recién comenzaba en el deporte, las personas que logran vivir, convivir, aceptar y manejar sus emociones no son insensibles, simplemente tienen un “fitness” emocional más adaptado y fuerte.

Bueno, y ¿porque, esto puede ser el enemigo silencioso del líder?

De acuerdo con lo anterior, el líder y los integrantes del grupo pueden tener esta noción errada. El problema radica en que, en muchas ocasiones, los líderes deben enseñar con el ejemplo a las personas del grupo, es decir, “liderar con el ejemplo”. Si el líder evita mostrar emociones, finge que no suceden o simplemente no las desarrolla por miedo a quebrantarse, estará enseñando lo mismo a quienes le siguen a través del modelamiento.

Sería diferente si tuviéramos un tipo de líder más humano, sensible, fuerte y determinado. Un líder que no tenga miedo de sentir, equivocarse o caerse. Un líder que no priorice su imagen ante el grupo sobre hacer lo correcto, incluso si eso reduce su “popularidad”. De esta manera, aquellos que lo siguen podrán ver la verdadera fortaleza de alguien capaz de caerse y levantarse las veces que sean necesarias.

Además, si alguien está pasando por una experiencia dolorosa, no debería permitir que sus emociones controlen sus acciones. En cambio, debería gestionar sus emociones, aceptarlas y permitir que tengan un impacto positivo que genere motivación, inspiración y movilice a las personas. No debemos tratar las emociones como si fueran la pereza de limpiar la sala y esconder la suciedad debajo de la alfombra, porque puede haber visitantes.

Para tener en cuenta frente a esta situación

El líder, frente a una situación que genere un dolor intenso, como la pérdida trágica de un ser querido, no debe actuar como si nada hubiera pasado. Debe expresar su dolor con dominio y hacerles saber a los miembros del grupo familiar que está con ellos en su mismo sufrimiento, acompañándolos en esa emoción. Sin embargo, no debe dejarse abatir por ella. Es importante seguir adelante liderando, ya sea con lágrimas en los ojos o con dolor, por el bienestar de los demás. Continuando con el tema del liderazgo, es importante destacar que un líder que oculta sus emociones puede enviar un mensaje equivocado a sus seguidores. Si el líder no se permite experimentar y expresar sus emociones, sus seguidores pueden pensar que no está comprometido con el bienestar del grupo o que no se preocupa por ellos.

Por otro lado, es importante que el líder sea un modelo a seguir para sus seguidores. Si el líder es capaz de vivir y manejar sus emociones de manera saludable, esto puede inspirar a sus seguidores a hacer lo mismo. Un líder que es capaz de enfrentar sus emociones y superar los desafíos emocionales puede ser un modelo a seguir para aquellos que lo rodean.

En conclusión, un líder debe ser capaz de expresar sus emociones de manera adecuada y saludable, sin dejarse llevar por ellas. Un líder que puede enfrentar y manejar sus emociones de manera efectiva puede inspirar a sus seguidores a hacer lo mismo, y puede crear un ambiente emocionalmente saludable y productivo.

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